Las Endorfinas

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A todos nos ha sucedido que en un momento determinado, sin ninguna razón aparente, nos sentimos alegres, felices, con ganas de vivir la vida. En medio de un día muy ocupado, de alguna noche tranquila o de una mañana ajetreada, de pronto nos invade una sensación inconmesurable e indescriptible que nos hace sentir muy bien.

Esta euforia que parece salida de la nada, en realidad nace (como todos los sentimientos que experimenta el ser humano) del cerebroCuando éste libera dosis extra de una hormona llamada endorfina, el dolor físico se reduce y crece la pasión por la vida. Las cosas pequeñas que vemos todos los días, pero que de pronto nos causan una alegría enorme, se deben a que, en ese preciso momento, por el cuerpo están circulando más endorfinas de lo habitual.

Aunque existen muchísimos factores psicológicos que influyen sobre nuestro estado de ánimo, las endorfinas juegan un rol determinante en cómo nos sentimos cada momento del día. Una vez segregadas, actúan como analgésicos y euforizantes naturales, desempeñando un papel crucial en el equilibrio entre la vitalidad y la depresión.

Como todas las demás hormonas que el cuerpo produce, son sustancias bioquímicas que jamás pueden causar malestar o problemas en el organismo. La felicidad la produce el hombre en forma espontánea, instintiva, natural. El alivio del dolor y la felicidad son posibles por el metabolismo propio del ser humano, pero en este mundo que tenemos hoy se cree que sólo se pueden lograr acumulando bienes materiales, juntando objetos de “calidad” y “gran valor”. Todos negamos esta realidad, pero muy pocas personas han comprendido honestamente esto y viven según otros principios.

El objetivo de nuestra vida debe ser perseguir la felicidad dentro de nosotros mismos, buscando lo que nos estimula a producir endorfinas y sentir alegría. La única forma de aumentar la producción de esta preciada hormona es procurándonos situaciones agradables, cercanas a nuestro ideal de vida, a nuestros sueños. Enfrentar al mundo con una actitud positiva, aprovechando todas las oportunidades que se cruzan en nuestro camino es la menjor manera en que se puede evitar el displacer y el sufrimiento.

10 consejos:

La acción de cada endorfina es muy pequeña, por que al poco tiempo de ser liberadas son eliminadas por unas enzimas también producidas por el cuerpo. Esto puede parecer cruel por parte de nuestro propio organismo, pero recordemos que el dolor es la única forma en que podemos saber si existe algún trastorno físico que nos aqueja: si las endorfinas circulan libremente, sin límites, no reconoceríamos las enfermedades. Y probablemente tampoco apreciaríamos tanto la felicidad. No es posible, ni tampoco recomendable, evitar la destrucción de las endorfinas, pero sí existen formas naturales y muy aconsejables de mantener constante la producción de estas hormonas. Es muy sencillo: tan sólo se deben potenciar los estados de ánimo y las situaciones que estimulan su elaboración por parte del organismo. Convencerse de que la mejor forma de disfrutar la vida es gozando de las cosas cotidianas nos aleja de lo que nos provoca dolor y disgusto.

Diez excelentes formas de estimular el flujo de endorfinas son:

Disfrutar de las comidas: Los alimentos pueden estimular varios sentidos del cuerpo, produciendo toda una experiencia sensorial que mejora la producción de endorfinas.Se trata de disfrutar del color, textura, sabor y aroma de comidas sanas y bien preparadas, siempre evitando la llamada comida chatarra y la gula.

Escuchar música: Como ninguna otra experiencia sensorial, la música influye en el estado de ánimo enormemente. La estimulación rítmica que produce en el cuerpo es indiferente del tipo de música: elija la que más le guste y relájese. Así, se crea un ambiente placentero que estimula la producción de endorfinas.

Evitar la vida rutinaria: Las reservas de endorfinas del cuerpo se minan poco a poco por la monotonía y el aburrimiento de la vida diaria. Mantener la curiosidad y el interés por una gran variedad de temas mantiene la producción hormonal en niveles inmejorables. Permitirse a uno mismo observar y sorprenderse de las cosas mas pequeñas de la vida es una gran fuente de felicidad.

Mantener contacto físico con los demás: El sentido del tacto debe ser potenciado al igual que el oido y el olfato: mantener contacto físico con quien nos aprecia y quiere, ayuda a aumentar la producción hormonal. Las terminaciones nerviosas del cuerpo se estimulan al sentir otro cuerpo cerca y el cerebro, así, segrega endorfinas.

Mantener ilusiones sanas: Se trata de soñar con cosas posibles, de tener proyectos esperanzadores que nos capacitan para sobreponernos a las circunstancias adversas. Es necesario despegarse del pasado y lo malo del presente para poder disfrutar del futuro: mantener ilusiones y expectativas realistas mejora nuestro humor y nuestra forma enfrentar cada nuevo día.

Percibir el aroma de la vida: Estimular el sentido del olfato con aromas que nos resultan agradables hace que el cuerpo elabore endorfina, los olores tienen un gran efecto (por supuesto, inconsciente) sobre el estado de ánimo y los recuerdos.

Practicar ejercicios físicos: La ejercitación es la mejor forma de conseguir una rápida subida de endorfinas, por lo que puede también ayudar a curar la depresión. No se trata de practicarlo en un gimnasio, sino de correr, andar en bici o simplemente caminar en forma regular y placentera.

Recordar los momentos felices: Rememorar las situaciones pasadas que nos produjeron alegría hace que se produzcan nuevas endorfinas, ya que el cerebro las revive y experimenta con la misma intensidad que cuando acontecieron en realidad, liberando las mismas sustancias que entonces.

Reír regularmente: Tanto a nivel físico como emocional, la risa es una excelente estimulante para el cuerpo: mejora la respiración, produce endorfinas, libera tensiones. Procure recuperar la capacidad de reírse y la buena predisposición: ir por la vida con buen humor es la mejor forma de disfrutarla plenamente.

Tener un hobby: Sea cual fuere, recurrir a alguna afición cada vez que se siente que la reserva de endorfinas se agota nos ayuda a recuperar la alegría. La satisfacción de dedicarse a algo que nos produce placer hace crecer la producción casi inmediatamente.

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